Traducciones “Baratas” – “Económicas”
Si al busca un presupuesto bajo o muy bajo por la traducción de sus documentos, piénselo dos veces antes de aceptar.
“Lo barato cuesta caro” dice un viejo dicho que deja de manifiesto que no siempre lo económicamente conveniente es lo mejor. De hecho, en ocasiones, puede llegar a ser peor y generarle más problemas que soluciones. En otras palabras, el resultado final es que terminará pagando un valor similar o quizás mayor al que en algún momento cotizó y encontró alto. Además de eso, no sólo pasará un mal rato, sino que además perderá tiempo.
Para que usted tenga una idea de cuánto es caro o barato en lo que a traducciones se refiere, ponga atención a lo siguiente:
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Existen agencias de traducción o traductores independientes que cobran de acuerdo con sus propios parámetros. En ocasiones, éstos tienen que ver con la cantidad de palabras u hojas, es decir, de acuerdo con el volumen. La combinación de idiomas es otro de los parámetros a considerar. El valor de una traducción desde el inglés al español no siempre es el mismo valor que desde el español al inglés; incluso, hasta los temas que contienen los documentos, así como su urgencia son consideraciones válidas a la hora de cobrar. Todo esto se resume a tener, prácticamente una “lista de precios” para cada solicitud.
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Para cobrar, el traductor o la agencia puede obedecer a sólo una de las consideraciones mencionadas en el punto 1. Por ejemplo, la cantidad de palabras resultantes. En este caso, usted no tendrá claro el valor exacto de su documento sino hasta recibirlo y el sólo hecho de escuchar la frase: “50 pesos líquidos por palabra resultante” podría resultarle, además de confuso, casi aberrante si lo que quiere traducir contiene 60.000 palabras, algo así como 150 páginas aprox.
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Cobrar por hoja original es algo que ya casi no se usa. Sólo algunos organismos, como el Ministerio de Relaciones Exteriores usa este formato y, literalmente, utiliza un formato de hoja que no precisamente se llena de texto. Cabe mencionar que el Ministerio de RR.EE es uno de los organismos que “legaliza” traducciones.
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El tipo de documento a traducir no siempre es un documento que pone a prueba las competencias idiomáticas del profesional. Muchas veces, las habilidades informáticas y/o el manejo de software especializado son también puestos a prueba. Si el documento que usted desea traducir es un documento lleno de fotografías con alguna leyenda en su interior y usted exige que la traducción conserve el mismo formato, es muy probable que el traductor tenga que acudir a otro profesional –un diseñador gráfico quizás- para poder cumplir con sus exigencias. Lógicamente, esto se verá reflejado en el valor final que deberá pagar.
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Habiendo revisado cada uno de los puntos anteriores, puedo decir con propiedad que la mejor forma de cobrar es partiendo por indicarle al cliente el valor por palabra resultante. Ahora, si el cliente es una persona poco paciente y requiere saber el valor de inmediato, lo que se puede hacer es cobrar por palabra original considerando que la cantidad de palabras puede aumentar de un idioma a otro. En ese sentido, los traductores tienen total claridad al respecto. Por ejemplo, la cantidad de palabras originales en inglés aumentan en un 25% aprox. cuando se traducen al español. Asimismo, si se traduce desde el español al inglés, la cantidad de texto traducido se reduce en un 15% aprox.
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Finalmente, lo barato o costoso de una traducción dependerá de sus necesidades y la agencia de traducción o el traductor que contacta. Como referencia, piense que si quiere traducir un par de hojas no debiera pagar menos de 20 mil pesos ni más de 36 mil pesos y aún cuando estar dentro de este rango no garantiza la calidad de la traducción, al menos entrega algunas pautas que le indican que quien cobra algo sabe de este trabajo. Tampoco olvide que a mayor volumen, menor valor por palabra.