La Ética y El Traductor

 

Existen consideraciones éticas en la traducción, que incluyen decisiones sobre cómo cobrarle al cliente, cuándo rechazar un proyecto o cómo responderle a los clientes cuando reciben un mal trato. En reconocimiento a la importancia de la ética en la industria, la Asociación Norteamericana de Traductores (ATA, por sus siglas en inglés) exige que sus miembros, antes de recibir la certificación tomen cursos de ética profesional.

La ética comienza con la privacidad. Los traductores con frecuencia tienen acceso a información confidencial, por ejemplo a planes financieros de alguna empresa, patentes farmacéuticas o especificaciones de un nuevo chip de computador. Esta información confidencial puede ser fácilmente divulgada con fines lucrativos en el espionaje corporativo, lo que les permite a las empresas ahorrar millones en costos de investigación y desarrollo, posicionamiento estratégico de sus productos, o evitar pérdidas en la bolsa. Los traductores no deben divulgar este tipo de información, independientemente de si se les pide o no firmar un acuerdo confidencialidad.

En algunas oportunidades, la necesidad de mantener esta información como confidencial obliga a los traductores a no hablar absolutamente nada que tenga que ver con el trabajo. Muchas empresas les hacen firmar a los traductores acuerdos de confidencialidad para todos o sólo algunos tipos de trabajo. Si un traductor firma este acuerdo, está legalmente obligado a cumplir con él.

La industria de la traducción está estrechamente unida y es muy comunicativa ya que está compuesta por personas que saben cómo difundir información en muchos idiomas y acostumbran a hacerlo vía internet. Por lo general, les gusta hablar sobre sus trabajos ya que tienden a trabajar solos, por lo tanto, cualquier cosa que diga podría terminar siendo mencionada en una sala de chat y en ese momento la información pasaría a ser de conocimiento público. Si no se tiene la capacidad de comprender el porqué filtrar la preparación de una gran demanda millonaria que se hará pública dentro de seis meses es un problema, entonces no posee el sentido necesario para ser traductor.

Luego están los acuerdos de honor. Si se compromete a hacer un trabajo, entonces tiene que hacerlo, no lo puede delegar a terceros y después cobrar un porcentaje sin antes hablarlo con sus clientes, ya que tienen el derecho a saber quién realmente está haciendo el trabajo. Si deciden contratarlo es porque quieren que usted haga el trabajo y no alguien que no conocen. Por otra parte, tiene que realizar el trabajo de la forma que usted dijo que lo haría, lo que significa hacerlo según lo que el cliente exigió. Si su cliente le proporciona un glosario o un formato respételos, independientemente de su opinión, mantenga el formato que se le pidió. Si realmente cree que existe algún problema con la terminología o el formato, entonces discútalo con ellos. El cliente siempre tiene la última palabra en cuanto a lo relacionado con el texto a traducir,sin embargo y por lo general, las observaciones o las sugerencias son siempre bienvenidas.

Por otro lado, los traductores no deben aceptar trabajos si no tienen el tiempo o las capacidades para hacerlos. No es extraño que se rechacen trabajos debido a la falta de tiempo. Recuerde que la forma más fácil de perder un cliente es haciendo un mal trabajo.

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